
Vivimos creídos que somos una sociedad que progresó porque podemos mantener nuestros alimentos por más tiempo que hace algunos años en buen estado, para luego cocinarlos sin necesidad de fuego. Creemos haber progresado porque tenemos teléfonos que cargamos en nuestros bolsillos para desde cualquier lado hablar con otra persona que esté a su vez en cualquier lado del planeta, si este, claro, cuenta con otro de estos teléfonos. Cada uno de nosotros tiene acceso a una computadora, que mejor o peor maneja, y que le sirve para trabajar, estudiar, investigar sobre sus propios gustos, comunicarse con otras personas de manera muy parecida a lo que pasa con los teléfonos de hoy. Progresamos porque puedo en un rectángulo de plástico y cilicio que mide sólo un centímetro por tres, cargar la discografía completa de mi banda preferida junto con documentos del trabajo, una monografía fundamental para mi carrera, este fucking post y mis fotos de las últimas vacaciones, las que por supuesto saqué con mi moderna cámara que no necesita de película porque es digital. Detectamos con mucha anticipación, gracias a los progresos en medicina, enfermedades que no hace mucho eran crónicas y también mortales para poder curarlas o por lo menos frenar su avance. Sin ir más lejos, mi papá esta vivo porque tiene en su corazón una válvula de plástico que reemplazó la propia porque se dañó con el tiempo debido a una enfermedad congénita que le fue detectada hace 35 años. Lo operaron hace 7.
Así podría seguir enumerando ejemplos infinitamente de lo que hemos progresado en los últimos tiempos. Podría ponerme trágico o panfletero diciendo que mientras ese pedazo de carne que tengo en el freezer hace cinco meses no se pudre, cientos? miles? millones de chicos se han muerto de hambre? Alguien se atreve a arriesgar un número?. Podría ponerme en cambio sentimental y tierno, ejemplificando que ninguna herramienta de dibujo electrónico y computarizado puede siquiera producir algo que se acerque un poco a lo que siento cuando mi hija me regala un dibujo hecho por ella. Podría, por qué no, asumir cierta melancolía diciendo que nada se compara a la sensación de llegar a tu casa, levantar la correspondencia, abrir un sobre y leer una carta manuscrita de alguien querido.
Pero el sentimiento que tengo no es ni nostalgia, ni melancolía, ni ternura. Es egoísmo, es bronca y ansiedad, pero sobre todo egoísmo. No me importa la carne en el freezer, ni mi diabetes controlada por una casi mágica pastilla. No se que tiene de importante un reproductor de MP3 ni quiero saberlo. No me importa el celular, ni la computadora. Poca cosa es la red mundial de telecomunicaciones, los mails y los Messenger. Me cago en el bluetooth y el wireless.
No se ha inventado aun, algo que me lleve inmediatamente a tu lado para abrazarte. Ni siquiera algo que me produzca una sensación aproximada o cercana. Nadie ha creado nada para que sienta que te he podido ayudar, que estuve cerca tuyo cuando lo necesitaste, en el momento justo. Nadie inventó esa puta máquina. Nadie inventó algo que me saque esta sensación de vacio que tengo, a pesar del sincero y sentido: “se que estás a mi lado”. Pero todavía no existe tal cosa. Y me tomé una cerveza frente a una silla con tu ausencia. Y te acompañé a ningún lado caminando por la ciudad en la madrugada, sobre las veredas mojadas, quizá por alguna lágrima que vino desde lejos o quizá la dejé escapar yo, un viernes interminablemente gris.
Te espera un capuchino, si querés con vainillas, está bien. Y te espero yo, siempre, cada momento. Porque no creo poder progresar con todo esto solo.
Lo único que progresa con el paso del tiempo es la tecnología, el hombre no, siempre es el mismo. Luca Prodan