febrero 20, 2008

Me Jui

Y ahora si, me fui de verdad hasta principios de marzo, así que les dejo el blogg para que hagan lo que se les cante. Pueden utilizar los comments para dejar recetas de cocina; revelaciones de enigmas universales; la fórmula de la felicidad, si es que la tienen; chistes de la serie "primer acto, segundo acto, etc.", o de la serie "En que se parece tal cosa a tal otra", de los verdes también, por supuesto; o para lo que realmente se les de la gana. No hay prohibiciones ni restricciones de ningun tipo. Sientansé en total libertad. No hace falta que me rieguen las plantas porque son de plástico, pero apreciaré la intención. Nos veremos a la vuelta por el mismo baticanal.



Ahi se ven.

febrero 11, 2008

Instrucciones para hamacarse

Ingredientes:
  • Plazas con hamacas: 1
  • Personas: 2. Un niño y un adulto.
  • Tiempo: Bastante.
  • Paciencia: Cantidad necesaria.

Preparación:

En primer lugar, deben quitarse de la zona de trabajo, las piedras, ramas, preservativos usados y restos de botellas rotas, tan comunes en las plazas, sobre todo en las pertenecientes al partido de la costa, aquí, en Argentina. Una vez hecho esto, el adulto, gracias a su basta experiencia en el tema, aconsejará al niño la posición adecuada para realizar una hamaca estandar. Las variedades "de parado" o "prendido como garrapata" serán explicadas en oportunidades futuras.

Se debe tratar de dar un impulso inicial lo suficientemente potente como para que el conjunto hamaca-niño, adquiera la suficiente velocidad para generar un movimiento pendular que dure varios ciclos. Esto tiene por objeto, que el niño pueda acomodar sus nalgas sobre la tabla de la hamaca tan centrado sea posible. Para esto, la hamaca debe ser colocada en la espalda, formando una línea recta imaginaria, junto con los omóplatos y la nuca (A). Luego se debe trasladar el conjunto hacia atrás, tratando de formar un ángulo de la mayor amplitud posible (α) entre las cadenas de la hamaca y la imaginaria perpendicular (B) al piso (P), que corta el eje del juego en cuestión, según muestra la siguiente imagen.
Una vez adquirida la posición de inicio, el niño debe dar un pequeño salto, con lo que provocará el avance del conjunto. Este es el momento más complicado porque tendrá que realizar varias cosas en un sólo movimiento, a saber: saltar, mantener el equilibrio, mirar para el frente y sentarse sobre la tabla. El movimiento será satisfactorio, si el niño logró hacer todo esto, antes de que el conjunto haya llegado al punto de inflexión superior delantero en la trayectoria pendular.

Cuando se haya logrado el paso anterior, habrá que flexionar las piernas acompañando la vuelta del conjunto como lo muestra la siguiente imagen.

El tercer movimiento, el más simple e instintivo de todos. Consiste en impulsarse en el aire hacia adelante, para lo que deben extenderse ambas piernas de modo que al pasar por el lugar de menor distancia entre la tabla y el piso, estos estén en posición paralela.

El vaivén de las piernas, junto con colocación del torso de forma opuesta a las mismas, generarán un movimiento casi continuo y en un momento muy fácil de mantener. El pleno objetivo del juego se alcanza cuando el conjunto llega a gran velocidad al punto de inflexión superior delantero de la trayectoria pendular, en el que por la inercia que se adquiere, los órganos del abdomen pierden su punto de apoyo sobre el diafragma, generando cantidades excesivas de adrenalina y la sensación de vértigo.

La comprobación empírica del trabajo cumplido, es una mezcla de cansancio y satisfacción en la cara del niño, y orgullo, alegría y menos dolor de espalda desde ese momento en adelante en el adulto.


Modestísimo homenaje a Cortazar en el aniversario de su muerte

febrero 04, 2008

enero 22, 2008

La previa

Con planes acelerados me fui a Retiro, la terminal de ómnibus, a confirmar que no había pasaje para el día. Las opciones, pocas. El sábado a las ocho de la mañana me pareció razonable aunque temprano.

Galletitas, bebida, un libro de cuentos infantiles, otro para mi, documentos, plata, la máquina de fotos, los carnets de la obra social, las llaves y por último la ropa. El viaje fue ameno y rápido, hasta pude dormir un poco.


Al llegar, ví que el lugar no había cambiado desde al año anterior, ni desde hacía bastantes años.

En la playa, millones de personas se agolpaban por metro cuadrado. En el grupo cercano los de siempre. Las charlas y las lecturas de los diarios casi obligada, para mantener un contacto con la locura. Un síndrome de abstinencia ante es descanso tan buscado durante el año.


Ella jugaba en la arena, se revolcaba, se ensuciaba, se mojaba y tomaba frío sin importarle. Disfrutaba a pleno sin saber que yo también lo hacía mirándola.


Una vuelta en busca de la merienda y una almacenera que intentó herirme de muerte con unos siete pesos por una chocolatada chica y un alfajor. Después del desmayo pregunté si era una cámara oculta, lo que generó una explicación con una simple cuenta: Una chocolatada $4,5 + un alfajor: $2,5. Total: $7. Muchas gracias. Sin derecho a réplica que, por otra parte, no tenía mucho sentido.


Ni las transacciones comerciales, ni las nubes insistidoras, ni los millones de personas, ni las canchas de tejo, paleta, fútbol y rugby en los mismos diez metros cuadrados, ni los vendedores ambulantes, ni el monumento al sexo sin cerebro que estaba sentado junto a nosotros dispuesto a retomar una conversación interrumpida el año anterior. Nada de eso pudo hacer que saboree por adelantado esta especie de muestra, de probar si la salsa está bien, de adelanto, de lo que va a ocurrir en unos días. La desconexión total.


El culo apoyado en una lona, los pies enterrados en la arena hasta los tobillos, el zumbido del viento, el ruidito del agua cayendo entre la yerba del mate, levantar la vista y perderse en esto:



enero 06, 2008

El paquete

Hacer la entrega, eso era lo pendiente. Complicado de tiempo por el trabajo, la información poco precisa y la psiconeurosis pre fiestas, todo se hacía más complejo. No tenía la certeza de la fecha de partida de mi contacto. Imaginaba que se quedaría hasta el lunes. Nunca lo había visto.


El jueves cargué todo en la mochila antes de salir para el trabajo. Tenía impresa la dirección, un nombre, Nelson, y una serie de instrucciones que harían que todo cierre y el paquete llegue a destino.


Había música nueva de un calvo viejo en el aniversario de la muerte del primer calvo, el elegido y padre de todos ellos, el inmortal.


El viejo sabía que nunca iba a poder ser como su maestro, en parte porque no podía compararse con alguien que ya no estaba, y para peor, que estaba en la mente y los corazones de todos nosotros, con los primeros reggaes, los primeros pogos, las primeras borracheras. Nos había enseñado a tomar ginebra y alcohol barato, a elegir vivir nuestra propia vida antes que la de los otros, esa de los reyes falsos en monumentales escuelas que bien podrían ser castillos, reinas ricas y príncipes obligados a ser cuños de monedas. Nos había mostrado la de la TV caliente y la heroína.


El viejo tomó el camino que su maestro decidió no tomar nunca, justamente porque era el camino de otros. Jugó a ser líder de masas que no lo entendían pero que lo seguían como manada violenta y desordenada, pero fiel. Creó su propia mitología encargándose de quedar fuera de ella porque de ella vivía, creyéndose menos que su reputación y al mismo tiempo siendo el propagador de la misma. Se escondió de los grandes monstruos para luego negociar con ellos desde otra altura y en otras condiciones. Se auto proclamó Rey, héroe del whiskey, lobo y cordero. Se puso en un lugar que quizá le quedaba chico, quizá grande, pero que no era el de él y se fue un día a esconderse otra vez.


Para llegar, hay que hacer lo que él dice e ir llevado por su séquito a oscuras y con destino incierto. Se lo ve sólo cuando se deja ver y cuando quiere o lo necesita. Siempre con lentes, siempre calvo, como su maestro que se ponía a charlar con vos sentado en la vereda de un Abasto en ruinas, lejos del shopping. Creo que nunca lo entendió o nunca lo terminamos de entender nosotros.


Estaba también la yerba, claro.


Eran las cinco de la tarde de un diciembre que todavía no dejaba afianzar el calor. Incluso la lluvia se hizo presente en un momento. Terminé con el trabajo y fui a entregar el paquete. Llegué a la dirección, Av. Corrientes 1212, Hotel Bahía.


Tal como me habían indicado y descripto, bien podría estar morando en sus habitaciones el maestro o su alma. Lo que si era seguro, su recuerdo estaba ahí, imborrable y perpetuo.


Desvencijado, oscuro, humilde, raro, céntrico, barato, quizá feo pero justo. Era el balance perfecto entre la necesidad y lo que hacía falta para satisfacerla.


La recepción en el primer piso estaba cerrada y vacía, como parecía vacío el hotel. No había nadie y sólo el ruido del tráfico interrumpía por momentos el silencio sepulcral que me obligaba a decidir que hacer con el paquete.


No tenía muchas opciones. Una era no entregarlo. La otra dejarlo abandonado en un buzón de boca ancha que parecía en desuso y una cargada. A la altura de los ojos en una puerta, al costado del ascensor que era médula del edificio, parecía la entrada al cuarto de objetos que no iban a ser vistos nunca más.


Revisé el mail nuevamente y vi que tenía apuntado el teléfono del lugar. Opté por la segunda alternativa, pensando en llamar más tarde para corroborar que lo que había dejado, por lo menos estaría en los planes de un tercero para que concrete la entrega. Odio depender de terceros.


Una vieja llega desde arriba en el ascensor y me esquiva como si yo fuera un periodista que interroga incisivo y ella una estrella de rock. Decido esperar un rato más y entra un tipo desde la calle al que consulto sobre la recepción del hotel y los horarios. El tipo se extraña de la ausencia y termina diciendo que no tenía ni idea.


Miré la boca del buzón y me despedí del paquete de a poco. Al meterlo busqué casi inútilmente un fondo, un apoyo, hasta que lo sentí en la base y lo solté. Ya está pensé, primera etapa concluida, y casi inmediatamente se sintió el estruendo contra el piso. Me asusté un poco y me lamenté de no haber hecho más robusto el envoltorio. Menos mal que no son estatuillas de porcelana.


Unas horas después intenté llamar pero luego de un par de intentos, me di cuenta que el número que tenía no era correcto. Busqué en la guía y no figuraba ningún hotel con ese nombre. Murphy estaba conmigo. Cuando algo puede salir mal, saldrá mal.


Conseguí la guía telefónica en un CD, con lo que pude ubicar el teléfono del Bahía, llegando por medio de la dirección.


Una voz extraña, como desentendida y desinteresada, me dice que está bien, que se va a fijar y me corta, dejándome con la sensación de no retorno, de haber quitado la traba de la granada y ver que no hay donde arrojarla.

diciembre 18, 2007

Por favor.


Todos los años, por ésta época, escribo un mail dirigido a la gran mayoría de mis contactos, este año va a ser igual y acá les va una copia.

No creo (ni dejo de creer) en las religiones ni en Dios. No creo ni en pedo en la Iglesia Católica. Creo y respeto la fe de la gente en cualquier cosa. Se que no es fácil de comprender pero tampoco me era fácil a mi hacerlo con el tema de Dios, Jesús, La Iglesia y sus seguidores, así que cuando dejé de cuestionarme todo esto, me limité a aceptar y respetar que cualquiera crea en lo que se le cante.

En estos días se conmemora el nacimiento de Jesús (Si, es eso, no la fiesta del lechón) y el término de un calendario por el cual nos regimos. Muchos sólo tendrán que soportar una cena familiar no deseada para que en cuanto den las doce de la noche, rajar para quien sabe donde a hacer cualquier otra cosa y no ver a los integrantes de esa mesa hasta el próximo año o hasta nuevo aviso. Otros lo disfrutarán realmente porque son afectos a este tipo de reuniones. Algunos sólo se limitaran a cenar como todos los días e irse a dormir. Unos cuantos tomarán esta fecha como una muy buena excusa para emborracharse y salir de joda. En fin… muchas combinaciones posibles. Me quedo con lo que un amigo, judío ortodoxo, me dijo un 25 de diciembre de hace unos años:

“La gente en esta época está en general como más contenta. Salvo que se le haya muerto un ser querido no hace mucho, parece como si hubiéramos ganado el mundial, como si todo lo que pasó durante el resto del año hubiese sido un mal sueño. La verdad que nunca creo poder entenderlo pero me encanta, hasta me pone un poco más feliz a mi.”

Me quedo con esto y me agarro de la sensibilidad y la guardia baja de ustedes para, a diferencia de años anteriores, un poco por resignación y otro poco por deseo propio, esta vez en lugar de desearles cosas, les voy a pedir.

Pensé en dividir los pedidos en rubros pero la verdad que se van mezclando porque la esencia es la misma para todos, ya se van a dar cuenta a medida que lean lo que terminé escribiendo como me va viniendo a la cabeza:

Por favor:

Hagan el esfuerzo, como para poner algún tipo de referencia de comienzo, desde el próximo primero de enero, de hacer que su vida sea un poco más transparente. No quiero sonar moralista ni nada de eso, pero creo que si cada uno se pone un poco las pilas, la cosa va a andar mejor para todos.

Traten de ser buenas personas, no se caguen en el resto de la gente por el sólo hecho de no conocerlas; respeten las leyes aunque estén en contra de los que las hacen y crean que son una manga de inútiles que cobran sueldos exorbitantes, PARA ESO ESTAN LAS ELECCIONES!!!!; que otro no sea buena gente no nos da derecho a ser lo mismo y excusarnos en eso; despierten a sus conciencias dormidas hace mucho; respeten las leyes de transito carajo!!!!!, tanto los que conducen cualquier tipo de vehículo como los que caminan; protesten ante quien corresponde y mantengan y sigan esa protesta, no lo hagan en la parada del bondi (colectivo, ómnibus) que ahí no es el lugar!!!!; ayuden al que se lo pide y pidan ayuda si no pueden con algo, sean solidarios; no se queden con el vuelto, trabajen para tener más plata, no la roben; no coimeen (sobornen); No se conformen, no se acostumbren, sobre todo a lo malo; no engañen; hablen, digan lo que les molesta, sean claros y precisos; eduquen con sinceridad, si no saben algo díganlo, no manden cualquiera por decir algo; si tuvieron un mal día díganlo, el resto no tiene por que saberlo ni soportar su mal humor sin conocer las causas; sean limpios, no tiren su mierda en la calle; si quieren protestar contra las papeleras no compren más el diario, si quieren a los árboles no coman más soja; cuando entren a algún lugar, háganlo con una sonrisa y saluden; no compren cosas compulsivamente sólo porque aumenten su precio; sean honestos.

Cuando los que lo hagan levanten una copa con champagne, vino, gaseosa, agua, lo que mejor les caiga o lo que puedan, miren a su alrededor, busquen a alguien que quieran mucho y piensen, o mejor, díganselo, lo voy a hacer por vos.

Que la pasen muy bien, que se diviertan, que lo disfrute, o que la pasen lo mejor que puedan. Voy a brindar por ustedes, como lo hago habitualmente. Salud!!!!!

diciembre 04, 2007

Keep Walking


Las tardes asomado a la ventana de la casa de mi abuela, contando colectivos rojos mientras esperaba a mi mamá. Valeria. Las insoportables mañanas de invierno al levantarme para ir al jardín. Mi maestra a los cuatro años. Fernando. Leonardo. Silvia. Lautaro. El tipo del taller mecánico que estaba frente al jardín, el día que nos mostró que en el fondo de la casa tenía un puma. Mi vieja llevándonos a mi hermano y a mí en la misma bicicleta a clases. La mosca peluda de goma que me regaló Susana y que provocó el desmayo de mi mamá cuando se la mostré.
Alejandra y su disfraz de paisana acompañándome como pareja de baile en cada acto de la escuela desde primero a sexto grado, cuando se mudó a Bahía Blanca. El día de la final del mundial ´78 perdidos con mi viejo en el obelisco, pero festejando arriba del móvil de Radio Rivadavia. La muerte de mi abuelo, el papá de mi mamá. Mi viejo obligándome a hacer caligrafía. Mi dentista a la que fui durante 5 años y que sinceramente espero que esté muerta, de todo corazón. El dos de abril del ´82 cuando al llegar eufórico a casa me encontré con mi vieja planchando y bañada en lágrimas. El fútbol en los terrenos del ferrocarril organizado por el viejo Costa. Mi primer beso con Karina. Mi negación a ir de abanderado en quinto grado porque me obligaban a usar corbata. Las revoluciones. La democracia. La noche que me enteré lo qué era un desaparecido y que en esa definición entraban el tío Gregorio (IUPI) y el tío Elías. La primera vez que me enamoré, de María Inés, cuyo segundo nombre es el segundo nombre de mi hija. Los bailes que se hacían en nuestras casas y la primera vez que no me importó mucho nada. Federico, Hernán, Manuel y Vicky. Las exhibiciones de rock and roll de los padres de Karina. El viaje de egresados a Mar del Plata. Juan Manuel, Ezequiel, Diego, Sandra, Lorena, Sebastián, Maricel, Mariano, Germán, Lucía. El Atari 2600, las navidades, fines de año y reyes en la casa de Ramos Mejía.


El primer día de clases del secundario. El equipo de voley del colegio. Claudia. Mi amiga Carla, su panza que crecía a los catorce años y la cara de imbécil del novio. El conservatorio. El día que en el gimnasio de la escuela vimos Argentina contra Inglaterra y el mejor gol de la historia del fútbol. La muerte de mi abuela, la mamá de mi papá. Las amonestaciones colectivas por haber vaciado un matafuego en el baño. Lorena, Cristina, Gabriel, Fernando, Claudio, Hugo, Sergio, Romina. El sexo descubierto y Lorena. El centro de estudiantes. Rosaura a las diez, Bestiario, Martín Fierro por obligación y a desgano. Bestiario, Martín Fierro, El Aleph, Ficciones, Cronopios y El nombre de la rosa por placer. Moon, Vagón Uno, Pinar de Rocha, Wall Street, San Francisco, Starlight, Cinema, El Teatro, Dimensión, Nave Jungla. La hiper inflación y Bariloche que no fue. El último día de clases y la fiesta de egresados. La muerte de mi abuelo, el papá de mi papá.
La mudanza. El trabajo y la UBA. La UTN. Verónica y los cuatro años. El trabajo y la plata. Las vacaciones con amigos. El garaje en San Bernardo. Laurita. La pesca con amigos. La marihuana. El alcohol. El sexo sin nada de amor. La muerte de mi abuela, la mamá de mi mamá. Laurita again diciéndome que era lesbiana. Brujas, Crónico y El Taller, cuando Palermo no era Hollywood ni en pedo. Mara, ser goi y el sexo a escondidas en su casa. El trabajo ya hecho oficio. Las frustraciones y arrancar de nuevo. Gabi y un abrazo que todavía me duele, en la puerta de su casa en la calle Muñiz. Compro un departamento? Me voy a Brasil? Ella y el corazón que no cabía. El casamiento. Los tres eternos meses sin ella. El amor con sexo, del bueno en ambos casos. El falso embarazo. La plata que no alcanzaba y el trabajo nuevo. La primera mudanza juntos.


Mi hija muerta.


La caída y la lenta levantada, muy lenta, que nunca termina. El desamor. La duda. La recomposición. El reencuentro. La panza que crece nuevamente y el miedo junto con ella.


Mi hija viva.


Los silencios, La duda. El desamor again. El no retorno. El divorcio y un año y medio después la mudanza mía, sólo mía.
Empezar de nuevo. Este blog. Los amigos, los reencuentros, los redescubrimientos. Opera bay. El Kilkenny. Museum. Congo. Kika. El único, Sonomán. Palermo que ya es Hollywood. Ir al cumpleaños de una amiga de un tipo que conoce a alguien que trabaja cerca de la casa de un pibe que una vez salió con nosotros pero que nadie de los que estaba se acordaba bien. El sexo con Ana. El sexo con Gisela. El sexo con Ana y Gisela. El sexo sin amor. Los amores sin sexo, los mejores, los eternos. El trabajo. Ser padre siempre pero sólo algunos días. Vivir solo por primera vez. Disfrutar de la soledad. Los domingos a la tarde. Analía. Montevideo, vos y vos. Córdoba. El campo. Dormir poco. Mi hermana que se va a China. Mi hermano que está lejos a sólo cuatro cuadras de mi casa. Mi vieja y mi viejo viejos. La reunión de familia de hoy y la fiesta del próximo sábado.

Esto pasó en los últimos 35 años, aunque seguramente olvidé algunas cosas. Esto pasó en mis 35 años que hoy cumplo y que el sábado festejaré como dice en los libros, con algunos agregados propios, como me merezco y como se merecen los que estarán ahí, en mi casa y con las puertas abiertas. Los que no, se harán presentes en algún momento de la noche, tal como lo hicieron mientras escribía esto. Exorcizaremos juntos este año que casi termina y que en resumen para mi fue malo, pero lo bueno se ha disfrutado a pleno y de eso me voy a acordar siempre, sobre todo este sábado.




Los quiero. Y llamen nomás al SAME.