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enero 06, 2008

El paquete

Hacer la entrega, eso era lo pendiente. Complicado de tiempo por el trabajo, la información poco precisa y la psiconeurosis pre fiestas, todo se hacía más complejo. No tenía la certeza de la fecha de partida de mi contacto. Imaginaba que se quedaría hasta el lunes. Nunca lo había visto.


El jueves cargué todo en la mochila antes de salir para el trabajo. Tenía impresa la dirección, un nombre, Nelson, y una serie de instrucciones que harían que todo cierre y el paquete llegue a destino.


Había música nueva de un calvo viejo en el aniversario de la muerte del primer calvo, el elegido y padre de todos ellos, el inmortal.


El viejo sabía que nunca iba a poder ser como su maestro, en parte porque no podía compararse con alguien que ya no estaba, y para peor, que estaba en la mente y los corazones de todos nosotros, con los primeros reggaes, los primeros pogos, las primeras borracheras. Nos había enseñado a tomar ginebra y alcohol barato, a elegir vivir nuestra propia vida antes que la de los otros, esa de los reyes falsos en monumentales escuelas que bien podrían ser castillos, reinas ricas y príncipes obligados a ser cuños de monedas. Nos había mostrado la de la TV caliente y la heroína.


El viejo tomó el camino que su maestro decidió no tomar nunca, justamente porque era el camino de otros. Jugó a ser líder de masas que no lo entendían pero que lo seguían como manada violenta y desordenada, pero fiel. Creó su propia mitología encargándose de quedar fuera de ella porque de ella vivía, creyéndose menos que su reputación y al mismo tiempo siendo el propagador de la misma. Se escondió de los grandes monstruos para luego negociar con ellos desde otra altura y en otras condiciones. Se auto proclamó Rey, héroe del whiskey, lobo y cordero. Se puso en un lugar que quizá le quedaba chico, quizá grande, pero que no era el de él y se fue un día a esconderse otra vez.


Para llegar, hay que hacer lo que él dice e ir llevado por su séquito a oscuras y con destino incierto. Se lo ve sólo cuando se deja ver y cuando quiere o lo necesita. Siempre con lentes, siempre calvo, como su maestro que se ponía a charlar con vos sentado en la vereda de un Abasto en ruinas, lejos del shopping. Creo que nunca lo entendió o nunca lo terminamos de entender nosotros.


Estaba también la yerba, claro.


Eran las cinco de la tarde de un diciembre que todavía no dejaba afianzar el calor. Incluso la lluvia se hizo presente en un momento. Terminé con el trabajo y fui a entregar el paquete. Llegué a la dirección, Av. Corrientes 1212, Hotel Bahía.


Tal como me habían indicado y descripto, bien podría estar morando en sus habitaciones el maestro o su alma. Lo que si era seguro, su recuerdo estaba ahí, imborrable y perpetuo.


Desvencijado, oscuro, humilde, raro, céntrico, barato, quizá feo pero justo. Era el balance perfecto entre la necesidad y lo que hacía falta para satisfacerla.


La recepción en el primer piso estaba cerrada y vacía, como parecía vacío el hotel. No había nadie y sólo el ruido del tráfico interrumpía por momentos el silencio sepulcral que me obligaba a decidir que hacer con el paquete.


No tenía muchas opciones. Una era no entregarlo. La otra dejarlo abandonado en un buzón de boca ancha que parecía en desuso y una cargada. A la altura de los ojos en una puerta, al costado del ascensor que era médula del edificio, parecía la entrada al cuarto de objetos que no iban a ser vistos nunca más.


Revisé el mail nuevamente y vi que tenía apuntado el teléfono del lugar. Opté por la segunda alternativa, pensando en llamar más tarde para corroborar que lo que había dejado, por lo menos estaría en los planes de un tercero para que concrete la entrega. Odio depender de terceros.


Una vieja llega desde arriba en el ascensor y me esquiva como si yo fuera un periodista que interroga incisivo y ella una estrella de rock. Decido esperar un rato más y entra un tipo desde la calle al que consulto sobre la recepción del hotel y los horarios. El tipo se extraña de la ausencia y termina diciendo que no tenía ni idea.


Miré la boca del buzón y me despedí del paquete de a poco. Al meterlo busqué casi inútilmente un fondo, un apoyo, hasta que lo sentí en la base y lo solté. Ya está pensé, primera etapa concluida, y casi inmediatamente se sintió el estruendo contra el piso. Me asusté un poco y me lamenté de no haber hecho más robusto el envoltorio. Menos mal que no son estatuillas de porcelana.


Unas horas después intenté llamar pero luego de un par de intentos, me di cuenta que el número que tenía no era correcto. Busqué en la guía y no figuraba ningún hotel con ese nombre. Murphy estaba conmigo. Cuando algo puede salir mal, saldrá mal.


Conseguí la guía telefónica en un CD, con lo que pude ubicar el teléfono del Bahía, llegando por medio de la dirección.


Una voz extraña, como desentendida y desinteresada, me dice que está bien, que se va a fijar y me corta, dejándome con la sensación de no retorno, de haber quitado la traba de la granada y ver que no hay donde arrojarla.

mayo 29, 2007

El Francotirador



El sábado por la noche, fui a concretar el regalo de cumpleaños que le hice a una amiga. Fuimos a ver a Baglietto a la trastienda que, para los que no conocen, es un lugar muy cálido en donde ver recitales. Más bien chico, cercano, cómodo. Una especie de bar grande.

En un momento Juan Carlos disparó un fusíl de tamaño descomunal, que fue cargado por un tal Javier Sanchez, y que sin ningún tipo de compasión, apuntó directamente a mi pecho.

Les dejo el casquillo de la bala, sin intención de hacerles el mismo daño que me hizo, para que si encuentran a este tal Javier, le den unos golpes de mi parte.


El faro

Ya estuve buscando en los estantes, en nuestras fotos de amantes
algo que pueda ayudar.
Releí las líneas de tu mano, usándolas como plano,
como un mapa elemental.

Te ofrecí de todos los excesos, de los nuevos, de los viejos
y no te pude tentar.
Hasta practique como un deporte clavar mi aguja en el norte
de tu brújula de amar.

Sumergí mensajes en botellas y siguiendo a las estrellas
para guiarme en tu mar.
Entrené palomas mensajeras, pinté carteles, banderas,
que ni miraste al pasar.

Aprendí el lenguaje de los sordos, de los flacos, de los gordos,
señales de humo y demás.
Pero igual no encuentro la manera de romper esta barrera
y te puedas despertar.

Tu amor es como un faro
que se apaga y se enciende
yo mando mis señales
y tu cuerpo no entiende.

Te canté en idiomas milenarios, busqué en cajones y armarios
nuevas canciones de amor.
Firme con mi boca en el espejo, y de mis besos más viejos
quise ofrecerte el mejor.

Eché mano a mis trucos de magia, a la risa que contagia
puse el frió y el calor.
Hice poesía escrita en braile, probé el canto, probé el baile
y no abrí tu corazón

Hoy por lo filoso de los hechos, decidí cerrar mi pecho,
echarle llave a mi voz
Mi bella durmiente y su sordera escondieron la escalera
por la que subo este amor.

Ya no encuentro más abracadabras, ni llaves mágicas que abran
el deseo y la pasión
No hay ábrete sésamo que valgan cuando esa llama en el alma
con el frió se apagó

Tu amor es como un faro
que se apaga y se enciende
yo mando mis señales
y tu cuerpo no entiende.

Por suerte para mi, alguien se encargó más tarde de curar alguna de las heridas, por lo menos las superficiales.

mayo 22, 2007

Que falta vocé me faz

En el post anterior dejé plasmado algo que movió los cimientos de muchos. Por supuesto que, egoismos de lado, yo fui el primero y, tan fuerte fue, que escribir esas pocas líneas me llevó unos cuantos días.


De todas formas era alegría lo que había y hay, y les agradezco a todos los que dejaron un coment y también a los que no, pero que se que estaban ahi conmigo mientras escribía.


Entre las cosas que decía, hay algo que me encantaría regalarles y, de verdad, me gustaría llevarselos a cada uno personalmente. Pero no puedo y por eso apelo a la magia de internet, a la ilegalidad de los MP3, o a la generosidad de ustedes. Es una forma de agradecerles que estén aca.


Por favor... Escuchen este disco, bájenselo, cómprenlo o lo que quieran. Pero no dejen que nada me prive de llegar hasta sus oidos con estos sonidos, esa voz ronca pero suave, y esas letras que sin dejar de ser tristes son hermosas. Y trasladen el título del disco a una voz que imaginen en mi boca diciéndoles eso mismo. No como un pedido ni un reclamo, sino ya como un complemento del día a día que este blog significa para mi.

Agregué un link en la sección "Para ver y oir" que pueden ayudar.

Nuevamente. Muchisimas gracias a todos!!! Obrigado!!!

abril 04, 2007

Love songs


Me fui del planeta el domingo por la mañana bien temprano. Eran cerca de las 10 y ya estaba casi en mi destino que fui reconociendo a medida que caminaba sin rumbo fijo aparente.

Mientras caminaba tomé fotografías de la ciudad vacía y con lluvia. Hubo momentos en que uno podía sentarse a jugar algunas manos de truco en el medio de la Av. Rivadavia, sin riesgo de ser atropellado por algún vehículo, cosa que en los dias de semana puede pasarle hasta estando en la vereda.

Desde el principio de mi viaje, "Love songs" de Aretha Franklin, un compilado editado en el 2001, inmensamente recomendado para el deleite y para el suicidio, me acariciaba los oidos con toda la intención de hacerme sentir perfecto.

Pienso que mi relación con el agua es un tema que tendría que charlar en algún momento en terapia o con algún astrólogo, geólogo, biólogo marino, etc, etc...
Tengo la seguridad que en los dos o tres momentos de mi vida en que mejor me he sentido estaba lloviendo. Uno de ellos estaba en el la playa.

El parque estaba vacío al igual que la ciudad. Domingo lluvioso con un lunes feriado por venír, anterior a Semana Santa es demasiado para cualquier almanaque de clase media. Me encargué de revisar pilas de libros viejos, en busca de algunos títulos de interés propio y encargados sin resultados positivos (Pista 3: Laughing On The Outside). Mis opciones eran novelas clásicas, algunos cuentos ya leidos, volver a mi época de estudiante con libros escolares que se venden por kilo o salir ya del parque. Opté por esta última, ya que mi estómago se encargó de recordarme que no habia desayunado. (Pista 5: This Bitter Earth).

Fui a un bar en la esquina de Acoyte y Rivadavia y me senté en una mesa cercana a la ventana. La lluvia habia parado un poco pero con el objeto de recuperar fuerzas para más tarde. Desde ahí, podía ver el cruce de las avenidas con total claridad mientras por momentos la soledad me invadía y compartía algunos pensamientos. (Pista 8: Trouble In Mind)

Terminado el desayuno, salí del bar junto con la lluvia que volvía a aparecer tal como la esperaba. Intensa.
Corrí en busca de un techo para protección que no casualmente se encontraba frente a un complejo de cines de proporciones faraónicas. Dudé un instante para después resolver recuperar el placer que no sentía hace tiempo de ver una película tranquilo y cómodamente sentado, sólo que elegí bastante mal. 300. Una historia ya escrita, realizada con una computadora, una lona verde y un par de millones de dólares. Lamenté haber abandonado por un instante a Aretha Franklin, cosa que retomé inmediatamente. (Pista 10: Try A Little Tenderness).

Al salir del cine y caminar un rato más, el w300 que tengo pegado a uno de mis riñones acusó una vibración, luego otra, y luego el correspondiente ringtone que no escuché, gracias a la reina del soul. SMS: "Donde estás?". Respuesta: "Saliendo del cine" y sin esperar respuenta a la mia, seguí caminando. (Pista 11: I Wish I Didn't Love You So). Carajo... nada más apropiado.

Al llegar a la estación Primera Junta la lluvia seguía haciendo su trabajo. Evalué por un momento mandar otro SMS para testear las intenciones de quien ya estaba acompañandome en la caminata, Decistí. (Pista 12: Only The Lonely). Carajo... again.

La sensación extraña de extrañar. La lluvia. La duda. El pasado. EL futuro. (Pista 13: But Beautiful). Mejor.

El w300 empezó a vibrar. Una vez, otra, otra más. No era un SMS. Estaba sonando. Tengo la costumbre de en los fines de semana no mirar el callerID, cosa que mientras trabajo en la semana hago todo el tiempo para filtrar.
Lo agarre y lo abrí.

- Aretha?
- Quien?... no, soy yo. Nos vemos.

(Pista 15: If Ever I Would Leave You)

Fin del disco.

enero 09, 2007

The show must go on...

En el año 1981, Queen vino a Argentina y tocó en el estadio de Velez, relativamente cerca de casa.Contaba con 9 años y ya dos cassettes: A night at the opera (1975) y The Game (1980). Para los que no saben lo que es un cassette, eran una especie de cajitas de plástico con una cinta dentro que se ponía en un aparato y con eso se escuchaba música (Que viejo que estoy). Por supuesto que quería ir al recital y por supuesto, no fuíA lo largo de mi vida, esta banda inglesa de cantante africano (Zanzibar, Tanzania), me acompañó siempre. Su música abarca diferentes estilos y ritmos. Se pueden escuchar valses, rock, baladas, tecno y algunas cosas que en su momento fueron experimentales y hoy son moneda común.Muchos años después e incluso muchos años después de la muerte de Freddie Mercury, y la consecuente desaparición de Queen, tuvimos que "conformarnos" con un amigo e ir a ver, al mismo estadio de Velez, un recital del ex guitarrista de la banda: Brian May.Muchas cosas recuerdo de esa noche, pero la que más presente tengo es que en un momento nos miramos y estabamos ambos lagrimeando como dos nenitos perdidos. Por suerte quedan la música y esos momentos. Para vos, negro.