enero 22, 2008

La previa

Con planes acelerados me fui a Retiro, la terminal de ómnibus, a confirmar que no había pasaje para el día. Las opciones, pocas. El sábado a las ocho de la mañana me pareció razonable aunque temprano.

Galletitas, bebida, un libro de cuentos infantiles, otro para mi, documentos, plata, la máquina de fotos, los carnets de la obra social, las llaves y por último la ropa. El viaje fue ameno y rápido, hasta pude dormir un poco.


Al llegar, ví que el lugar no había cambiado desde al año anterior, ni desde hacía bastantes años.

En la playa, millones de personas se agolpaban por metro cuadrado. En el grupo cercano los de siempre. Las charlas y las lecturas de los diarios casi obligada, para mantener un contacto con la locura. Un síndrome de abstinencia ante es descanso tan buscado durante el año.


Ella jugaba en la arena, se revolcaba, se ensuciaba, se mojaba y tomaba frío sin importarle. Disfrutaba a pleno sin saber que yo también lo hacía mirándola.


Una vuelta en busca de la merienda y una almacenera que intentó herirme de muerte con unos siete pesos por una chocolatada chica y un alfajor. Después del desmayo pregunté si era una cámara oculta, lo que generó una explicación con una simple cuenta: Una chocolatada $4,5 + un alfajor: $2,5. Total: $7. Muchas gracias. Sin derecho a réplica que, por otra parte, no tenía mucho sentido.


Ni las transacciones comerciales, ni las nubes insistidoras, ni los millones de personas, ni las canchas de tejo, paleta, fútbol y rugby en los mismos diez metros cuadrados, ni los vendedores ambulantes, ni el monumento al sexo sin cerebro que estaba sentado junto a nosotros dispuesto a retomar una conversación interrumpida el año anterior. Nada de eso pudo hacer que saboree por adelantado esta especie de muestra, de probar si la salsa está bien, de adelanto, de lo que va a ocurrir en unos días. La desconexión total.


El culo apoyado en una lona, los pies enterrados en la arena hasta los tobillos, el zumbido del viento, el ruidito del agua cayendo entre la yerba del mate, levantar la vista y perderse en esto:



enero 06, 2008

El paquete

Hacer la entrega, eso era lo pendiente. Complicado de tiempo por el trabajo, la información poco precisa y la psiconeurosis pre fiestas, todo se hacía más complejo. No tenía la certeza de la fecha de partida de mi contacto. Imaginaba que se quedaría hasta el lunes. Nunca lo había visto.


El jueves cargué todo en la mochila antes de salir para el trabajo. Tenía impresa la dirección, un nombre, Nelson, y una serie de instrucciones que harían que todo cierre y el paquete llegue a destino.


Había música nueva de un calvo viejo en el aniversario de la muerte del primer calvo, el elegido y padre de todos ellos, el inmortal.


El viejo sabía que nunca iba a poder ser como su maestro, en parte porque no podía compararse con alguien que ya no estaba, y para peor, que estaba en la mente y los corazones de todos nosotros, con los primeros reggaes, los primeros pogos, las primeras borracheras. Nos había enseñado a tomar ginebra y alcohol barato, a elegir vivir nuestra propia vida antes que la de los otros, esa de los reyes falsos en monumentales escuelas que bien podrían ser castillos, reinas ricas y príncipes obligados a ser cuños de monedas. Nos había mostrado la de la TV caliente y la heroína.


El viejo tomó el camino que su maestro decidió no tomar nunca, justamente porque era el camino de otros. Jugó a ser líder de masas que no lo entendían pero que lo seguían como manada violenta y desordenada, pero fiel. Creó su propia mitología encargándose de quedar fuera de ella porque de ella vivía, creyéndose menos que su reputación y al mismo tiempo siendo el propagador de la misma. Se escondió de los grandes monstruos para luego negociar con ellos desde otra altura y en otras condiciones. Se auto proclamó Rey, héroe del whiskey, lobo y cordero. Se puso en un lugar que quizá le quedaba chico, quizá grande, pero que no era el de él y se fue un día a esconderse otra vez.


Para llegar, hay que hacer lo que él dice e ir llevado por su séquito a oscuras y con destino incierto. Se lo ve sólo cuando se deja ver y cuando quiere o lo necesita. Siempre con lentes, siempre calvo, como su maestro que se ponía a charlar con vos sentado en la vereda de un Abasto en ruinas, lejos del shopping. Creo que nunca lo entendió o nunca lo terminamos de entender nosotros.


Estaba también la yerba, claro.


Eran las cinco de la tarde de un diciembre que todavía no dejaba afianzar el calor. Incluso la lluvia se hizo presente en un momento. Terminé con el trabajo y fui a entregar el paquete. Llegué a la dirección, Av. Corrientes 1212, Hotel Bahía.


Tal como me habían indicado y descripto, bien podría estar morando en sus habitaciones el maestro o su alma. Lo que si era seguro, su recuerdo estaba ahí, imborrable y perpetuo.


Desvencijado, oscuro, humilde, raro, céntrico, barato, quizá feo pero justo. Era el balance perfecto entre la necesidad y lo que hacía falta para satisfacerla.


La recepción en el primer piso estaba cerrada y vacía, como parecía vacío el hotel. No había nadie y sólo el ruido del tráfico interrumpía por momentos el silencio sepulcral que me obligaba a decidir que hacer con el paquete.


No tenía muchas opciones. Una era no entregarlo. La otra dejarlo abandonado en un buzón de boca ancha que parecía en desuso y una cargada. A la altura de los ojos en una puerta, al costado del ascensor que era médula del edificio, parecía la entrada al cuarto de objetos que no iban a ser vistos nunca más.


Revisé el mail nuevamente y vi que tenía apuntado el teléfono del lugar. Opté por la segunda alternativa, pensando en llamar más tarde para corroborar que lo que había dejado, por lo menos estaría en los planes de un tercero para que concrete la entrega. Odio depender de terceros.


Una vieja llega desde arriba en el ascensor y me esquiva como si yo fuera un periodista que interroga incisivo y ella una estrella de rock. Decido esperar un rato más y entra un tipo desde la calle al que consulto sobre la recepción del hotel y los horarios. El tipo se extraña de la ausencia y termina diciendo que no tenía ni idea.


Miré la boca del buzón y me despedí del paquete de a poco. Al meterlo busqué casi inútilmente un fondo, un apoyo, hasta que lo sentí en la base y lo solté. Ya está pensé, primera etapa concluida, y casi inmediatamente se sintió el estruendo contra el piso. Me asusté un poco y me lamenté de no haber hecho más robusto el envoltorio. Menos mal que no son estatuillas de porcelana.


Unas horas después intenté llamar pero luego de un par de intentos, me di cuenta que el número que tenía no era correcto. Busqué en la guía y no figuraba ningún hotel con ese nombre. Murphy estaba conmigo. Cuando algo puede salir mal, saldrá mal.


Conseguí la guía telefónica en un CD, con lo que pude ubicar el teléfono del Bahía, llegando por medio de la dirección.


Una voz extraña, como desentendida y desinteresada, me dice que está bien, que se va a fijar y me corta, dejándome con la sensación de no retorno, de haber quitado la traba de la granada y ver que no hay donde arrojarla.

diciembre 18, 2007

Por favor.


Todos los años, por ésta época, escribo un mail dirigido a la gran mayoría de mis contactos, este año va a ser igual y acá les va una copia.

No creo (ni dejo de creer) en las religiones ni en Dios. No creo ni en pedo en la Iglesia Católica. Creo y respeto la fe de la gente en cualquier cosa. Se que no es fácil de comprender pero tampoco me era fácil a mi hacerlo con el tema de Dios, Jesús, La Iglesia y sus seguidores, así que cuando dejé de cuestionarme todo esto, me limité a aceptar y respetar que cualquiera crea en lo que se le cante.

En estos días se conmemora el nacimiento de Jesús (Si, es eso, no la fiesta del lechón) y el término de un calendario por el cual nos regimos. Muchos sólo tendrán que soportar una cena familiar no deseada para que en cuanto den las doce de la noche, rajar para quien sabe donde a hacer cualquier otra cosa y no ver a los integrantes de esa mesa hasta el próximo año o hasta nuevo aviso. Otros lo disfrutarán realmente porque son afectos a este tipo de reuniones. Algunos sólo se limitaran a cenar como todos los días e irse a dormir. Unos cuantos tomarán esta fecha como una muy buena excusa para emborracharse y salir de joda. En fin… muchas combinaciones posibles. Me quedo con lo que un amigo, judío ortodoxo, me dijo un 25 de diciembre de hace unos años:

“La gente en esta época está en general como más contenta. Salvo que se le haya muerto un ser querido no hace mucho, parece como si hubiéramos ganado el mundial, como si todo lo que pasó durante el resto del año hubiese sido un mal sueño. La verdad que nunca creo poder entenderlo pero me encanta, hasta me pone un poco más feliz a mi.”

Me quedo con esto y me agarro de la sensibilidad y la guardia baja de ustedes para, a diferencia de años anteriores, un poco por resignación y otro poco por deseo propio, esta vez en lugar de desearles cosas, les voy a pedir.

Pensé en dividir los pedidos en rubros pero la verdad que se van mezclando porque la esencia es la misma para todos, ya se van a dar cuenta a medida que lean lo que terminé escribiendo como me va viniendo a la cabeza:

Por favor:

Hagan el esfuerzo, como para poner algún tipo de referencia de comienzo, desde el próximo primero de enero, de hacer que su vida sea un poco más transparente. No quiero sonar moralista ni nada de eso, pero creo que si cada uno se pone un poco las pilas, la cosa va a andar mejor para todos.

Traten de ser buenas personas, no se caguen en el resto de la gente por el sólo hecho de no conocerlas; respeten las leyes aunque estén en contra de los que las hacen y crean que son una manga de inútiles que cobran sueldos exorbitantes, PARA ESO ESTAN LAS ELECCIONES!!!!; que otro no sea buena gente no nos da derecho a ser lo mismo y excusarnos en eso; despierten a sus conciencias dormidas hace mucho; respeten las leyes de transito carajo!!!!!, tanto los que conducen cualquier tipo de vehículo como los que caminan; protesten ante quien corresponde y mantengan y sigan esa protesta, no lo hagan en la parada del bondi (colectivo, ómnibus) que ahí no es el lugar!!!!; ayuden al que se lo pide y pidan ayuda si no pueden con algo, sean solidarios; no se queden con el vuelto, trabajen para tener más plata, no la roben; no coimeen (sobornen); No se conformen, no se acostumbren, sobre todo a lo malo; no engañen; hablen, digan lo que les molesta, sean claros y precisos; eduquen con sinceridad, si no saben algo díganlo, no manden cualquiera por decir algo; si tuvieron un mal día díganlo, el resto no tiene por que saberlo ni soportar su mal humor sin conocer las causas; sean limpios, no tiren su mierda en la calle; si quieren protestar contra las papeleras no compren más el diario, si quieren a los árboles no coman más soja; cuando entren a algún lugar, háganlo con una sonrisa y saluden; no compren cosas compulsivamente sólo porque aumenten su precio; sean honestos.

Cuando los que lo hagan levanten una copa con champagne, vino, gaseosa, agua, lo que mejor les caiga o lo que puedan, miren a su alrededor, busquen a alguien que quieran mucho y piensen, o mejor, díganselo, lo voy a hacer por vos.

Que la pasen muy bien, que se diviertan, que lo disfrute, o que la pasen lo mejor que puedan. Voy a brindar por ustedes, como lo hago habitualmente. Salud!!!!!

diciembre 04, 2007

Keep Walking


Las tardes asomado a la ventana de la casa de mi abuela, contando colectivos rojos mientras esperaba a mi mamá. Valeria. Las insoportables mañanas de invierno al levantarme para ir al jardín. Mi maestra a los cuatro años. Fernando. Leonardo. Silvia. Lautaro. El tipo del taller mecánico que estaba frente al jardín, el día que nos mostró que en el fondo de la casa tenía un puma. Mi vieja llevándonos a mi hermano y a mí en la misma bicicleta a clases. La mosca peluda de goma que me regaló Susana y que provocó el desmayo de mi mamá cuando se la mostré.
Alejandra y su disfraz de paisana acompañándome como pareja de baile en cada acto de la escuela desde primero a sexto grado, cuando se mudó a Bahía Blanca. El día de la final del mundial ´78 perdidos con mi viejo en el obelisco, pero festejando arriba del móvil de Radio Rivadavia. La muerte de mi abuelo, el papá de mi mamá. Mi viejo obligándome a hacer caligrafía. Mi dentista a la que fui durante 5 años y que sinceramente espero que esté muerta, de todo corazón. El dos de abril del ´82 cuando al llegar eufórico a casa me encontré con mi vieja planchando y bañada en lágrimas. El fútbol en los terrenos del ferrocarril organizado por el viejo Costa. Mi primer beso con Karina. Mi negación a ir de abanderado en quinto grado porque me obligaban a usar corbata. Las revoluciones. La democracia. La noche que me enteré lo qué era un desaparecido y que en esa definición entraban el tío Gregorio (IUPI) y el tío Elías. La primera vez que me enamoré, de María Inés, cuyo segundo nombre es el segundo nombre de mi hija. Los bailes que se hacían en nuestras casas y la primera vez que no me importó mucho nada. Federico, Hernán, Manuel y Vicky. Las exhibiciones de rock and roll de los padres de Karina. El viaje de egresados a Mar del Plata. Juan Manuel, Ezequiel, Diego, Sandra, Lorena, Sebastián, Maricel, Mariano, Germán, Lucía. El Atari 2600, las navidades, fines de año y reyes en la casa de Ramos Mejía.


El primer día de clases del secundario. El equipo de voley del colegio. Claudia. Mi amiga Carla, su panza que crecía a los catorce años y la cara de imbécil del novio. El conservatorio. El día que en el gimnasio de la escuela vimos Argentina contra Inglaterra y el mejor gol de la historia del fútbol. La muerte de mi abuela, la mamá de mi papá. Las amonestaciones colectivas por haber vaciado un matafuego en el baño. Lorena, Cristina, Gabriel, Fernando, Claudio, Hugo, Sergio, Romina. El sexo descubierto y Lorena. El centro de estudiantes. Rosaura a las diez, Bestiario, Martín Fierro por obligación y a desgano. Bestiario, Martín Fierro, El Aleph, Ficciones, Cronopios y El nombre de la rosa por placer. Moon, Vagón Uno, Pinar de Rocha, Wall Street, San Francisco, Starlight, Cinema, El Teatro, Dimensión, Nave Jungla. La hiper inflación y Bariloche que no fue. El último día de clases y la fiesta de egresados. La muerte de mi abuelo, el papá de mi papá.
La mudanza. El trabajo y la UBA. La UTN. Verónica y los cuatro años. El trabajo y la plata. Las vacaciones con amigos. El garaje en San Bernardo. Laurita. La pesca con amigos. La marihuana. El alcohol. El sexo sin nada de amor. La muerte de mi abuela, la mamá de mi mamá. Laurita again diciéndome que era lesbiana. Brujas, Crónico y El Taller, cuando Palermo no era Hollywood ni en pedo. Mara, ser goi y el sexo a escondidas en su casa. El trabajo ya hecho oficio. Las frustraciones y arrancar de nuevo. Gabi y un abrazo que todavía me duele, en la puerta de su casa en la calle Muñiz. Compro un departamento? Me voy a Brasil? Ella y el corazón que no cabía. El casamiento. Los tres eternos meses sin ella. El amor con sexo, del bueno en ambos casos. El falso embarazo. La plata que no alcanzaba y el trabajo nuevo. La primera mudanza juntos.


Mi hija muerta.


La caída y la lenta levantada, muy lenta, que nunca termina. El desamor. La duda. La recomposición. El reencuentro. La panza que crece nuevamente y el miedo junto con ella.


Mi hija viva.


Los silencios, La duda. El desamor again. El no retorno. El divorcio y un año y medio después la mudanza mía, sólo mía.
Empezar de nuevo. Este blog. Los amigos, los reencuentros, los redescubrimientos. Opera bay. El Kilkenny. Museum. Congo. Kika. El único, Sonomán. Palermo que ya es Hollywood. Ir al cumpleaños de una amiga de un tipo que conoce a alguien que trabaja cerca de la casa de un pibe que una vez salió con nosotros pero que nadie de los que estaba se acordaba bien. El sexo con Ana. El sexo con Gisela. El sexo con Ana y Gisela. El sexo sin amor. Los amores sin sexo, los mejores, los eternos. El trabajo. Ser padre siempre pero sólo algunos días. Vivir solo por primera vez. Disfrutar de la soledad. Los domingos a la tarde. Analía. Montevideo, vos y vos. Córdoba. El campo. Dormir poco. Mi hermana que se va a China. Mi hermano que está lejos a sólo cuatro cuadras de mi casa. Mi vieja y mi viejo viejos. La reunión de familia de hoy y la fiesta del próximo sábado.

Esto pasó en los últimos 35 años, aunque seguramente olvidé algunas cosas. Esto pasó en mis 35 años que hoy cumplo y que el sábado festejaré como dice en los libros, con algunos agregados propios, como me merezco y como se merecen los que estarán ahí, en mi casa y con las puertas abiertas. Los que no, se harán presentes en algún momento de la noche, tal como lo hicieron mientras escribía esto. Exorcizaremos juntos este año que casi termina y que en resumen para mi fue malo, pero lo bueno se ha disfrutado a pleno y de eso me voy a acordar siempre, sobre todo este sábado.




Los quiero. Y llamen nomás al SAME.

noviembre 21, 2007

(am I) LOST (?)


No soy de los que no miran la televisión por una cuestión de snobismo o porque me quiera hacerme el intelectual. La verdad que en las casas el las que viví siempre hubo tele y en cuanto pudimos hubo cable, había sólo seis o siete canales.
Con el tiempo, la cantidad de canales iba aumentando y con ella la cantidad de opciones. Llegó un momento en el que la oferta fue casi ilimitada y ese momento, a mi juicio es hoy.
Convengamos que esto es real. Uno tiene opciones en canales de noticias de distintas ideologías, deportes de los más variados, películas de distintos orígenes y épocas, canales exclusivos de series, de documentales, para chicos, para adultos, para extranjeros, de cocina, etc., etc., etc.
El tema es que lo que me ocurrió, fue que a medida que la oferta aumentaba mi demanda disminuía, premisa básica de cualquier transacción. Terminé viendo sólo algunos deportes que me interesaban, documentales que ya sabía de memoria, el canal I-Sat, y alguna que otra película que me cruzaba en el camino de un zapping furioso y descontrolado.
Cuando me mudé solo, decidí que además de ahorrarme unos buenos pesos (cada vez más) iba a desconectarme del mundo mediático para invertir tiempo en cosas que hacía mucho que no disfrutaba plenamente. Me propuse prescindir de la TV y el cable, de Internet y del teléfono.
Al principio me fue muy bien. Recuperé el hábito de la lectura hasta que llegó a ser compulsivo. En un momento me di cuenta que estaba leyendo 5 libros juntos. Por lo del teléfono, tengo el celular del trabajo y lo uso para mi vida fuera de él también, así que encima de no tener costo alguno por este servicio, evitaba llamadas innecesarias de las personas que al ver el prefijo 15 delante, inmediatamente pensaban en que el precio por una boludez sería mayor y desistían. Lo de la TV realmente fue la gloria. Tomé conciencia del tiempo que perdía tirado haciendo zapping sin ver realmente nada y que solamente la extrañaba unas horas por semana, que eran los momentos en que miraba algún partido de algo, o algún programa que realmente quería. Salía mucho, incluso solo, a caminar por ahí, a tomar aire, en vez de estar embalsamado en un sillón con el movimiento del dedo pulgar derecho ininterrumpido, y la verdad que la pasaba espectacular.
Hasta que un día, por una fatalidad cercana, heredé una tele vieja, que “iba a parar a la basura si yo no la quería”. La acepté, no daba para discutir en esas circunstancias.
El “nuevo” habitante de mi casa, fue a parar al cuarto “dejálo ahí que después me fijo que hago” en el que vivió unos tres meses de ignorancia, junto a seis paraguas rotos, pedazos de una biblioteca vieja, una máquina de tejer, tierra, cables, latas de pintura y otras cosas dignas de habitarlo.
Hace veinte días mi hija vive conmigo tiempo completo, por lo que me pareció “bueno” instalar el cubo maldito y “conectarme” al servicio de cable para que ella no modifique mucho su rutina de mirar los dibujitos cuando almuerza o toma la merienda. Además yo podría volver a ver los partidos de los que me hablaban al día siguiente de haberse jugado, mirar algunos programas estaba obviando y que sabía que me interesarían, mirar algunos documentales y alguna que otra película. Creía que todo iba a estar bien.
Bueno…. en fin…. Un día, un amigo pasó por casa y me dijo:

- Ahhh…, claudicaste?
- No, ni en pedo, dije convencido. Es por la nena y bla bla bla….
- Si, claro.
- Seguís sin saber de que se trata LOST no?
- Si, sigo igual.
- Bueno, ahora vengo.

A los quince minutos estaba ahí, con una pila de 21 DVD con la serie completa. Las tres temporadas que se emitieron hasta hoy.

- Mirá sólo el primer capítulo. Después me devolvés todo.
- Andá a cagar.
- Bueno, vos hacelo cuando quieras, no te pongo tiempos.
- Ok.

La pila de DVD estuvo casi una semana sobre el modular, hasta juntó polvo. Una tarde de lluvia de un fin de semana se dio la situación ideal (?). La nena durmiendo la siesta, la casa limpia, todo bajo control y en calma.
Puse el primer disco y desde ese momento hasta una semana y media más tarde, no hice otra cosa que devorar la serie. La verdad que hace tiempo que no me engancho tanto con algo y está buena.

Así que eso… soy parte del rebaño y qué? Que sigue? La play? La Lola? Que sigueeeeeeeee??????

noviembre 12, 2007

Sólo para adultos


Hija (4 años): Paaaaaaaaa!!!!
Mayfly (34 por poco tiempo); Queeeeeeeeee!!!????
H: Paaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!
M: Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!???
H: Vení!!!
M: Que pasa?
H: Veniiiiiiiii!!!!
M: Vení vos que ya vamos a comer!!! Ayudame a poner la mesa.
H: Ahí voyyyy!!!
M: Dale. Llevá los vasos despacito.
H: Que vamos a comer?
M: No me dijiste que querías fideítos de animales?
H: Si.
M: Bueno… vamos a comer fideítos de animales entonces.
H: Vos también?
M: Si, yo también.
H: Pero los fideítos de animales son para chicos.
M: Y no era que hay que compartir?
H: Si, pero entonces cuando vos tengas algo que es para grandes compartís conmigo.
M: Bueno, vemos. (Esto es one way, en la mayoría de los casos, así que vas a tener que bancar un par de años)
H: Y mamá cuando viene?
M: Faltan como 20 días todavía.
H: La extraño mucho.
M: Si, yo también (Sobre todo cuando me acuerdo del año y medio que dormí en el sofá, y de las veces que me preguntabas por qué mamá te mentía cuando no volvía de noche), pero no es tanto tiempo. Mañana seguramente va a llamar.
H: Y cuando llame voy a hablar con ella.
M: Claro. Comé que se te enfría.
H: No me gustan los fideos de animales!!
M: Pero si siempre te gustaron. Además es lo que querías comer vos (Tenés razón, no tienen gusto a nada), comelos así después te comes el postre.
H: Y quien es Clotilde? (Obvio que no se llama así)
M: Sos vos. (Obvio también)
H: No, la que llama por teléfono.
M: Una amiga de papá. (Sabía que no era auto referencial la cosa)
H: Es tu novia?
M: (Después de toser diez minutos) No hija, es una amiga. Papá no tiene novia.
H: Y que es una novia?
M: Es alguien que uno quiere mucho.
H: Y vos a mi me querés mucho no?
M: Si, claro. Un montón (ahí viene…)
H: Entonces soy tu novia.
M: (Ja!) No, una novia no puede ser alguien de la familia (al menos hasta que leas Edipo) y como vos sos mi hija no podés ser mi novia. Entendés?
H: Si, entonces la abuela no es tu novia.
M: Claro… la abuela es mi mamá, entonces no puede ser mi novia (Aunque ella quiera y aunque haya leído Edipo)
H: Y yo puedo tener novia?
M: ….., ….., ….. ehhh…. Mmmmm….. Si, podés. Pero normalmente las nenas tiene novio, no novia. Porque… ehhh… esteeee… lo que pasa es queeeee….. ehhh…. Bueno.. eso. (Dioooooooossss!!!!!!!)
H: Y entonces yo voy a tener novio.
M: Si querés si. (O si querés novia también pero por ahora genial con lo del novio)
H: Y vos a Clotilde la querés mucho?
M: Si hija. (ahí viene… (2))
H: Y por que no es tu novia?
M: Porque uno quiere mucho a otra gente que no es novia ni novio ni familia, a los amigos, por ejemplo. Clotilde es amiga de papá y papá la quiere mucho a ella y ella a papá también. Pero no es mi novia.
H: Como mi amiga Fulanita?
M: Claro, como Fulanita.
H: Fulanita es mi novia.
M: No, Fulanita es tu amiga.
H: Y como se si es mi amiga o mi novia?
M: (Carajo!!! Era más fácil que me preguntes sobre física cuántica porque te ibas a aburrir enseguida) Es fácil. No, es difícil. Bueno… a veces es fácil y otras no. Pero el tema es que a las novias y a los novios uno tiene muchas ganas de verlos y no se aguanta. Y todo el tiempo quiere estar con ellos. (Ni vale la pena que mencione ningún otro tipo de relación. No quiero que me internen todavía) entonces salen a pasear y andan por ahí juntos.
H: Y se dan besos.
M: Si, se dan muchos besos. (etc, etc, etc.)
H: Y van a pasear? Van al cine?
M: Si, pueden ir donde quieran.
H: Y ven la película de Las Princesas.
M: No creo que les guste (Pero se de cosas peores)
H: Y mamá es tu novia?
M: No hija…. Mamá fue mi novia, hace mucho.
H: Cuando yo vivía en la panza?
M: No, antes, bastante antes.
H: Cuando se casaron?
M: No. Cuando uno tiene una novia y se casa, la novia se llama esposa. (Ahí viene (3))
H: Mamá es tu esposa?
M: Ufff…. (Se los dije)
H: Estás cansado?
M: Un poco. Mira hija…. Mamá no es más la esposa de papá. Te acordás que una vez lo hablamos?
H: Cuándo vos te fuiste a vivir a otro lado?
M: Si, claro… cuando me vine a vivir acá te explicamos que mamá y yo… bueno… eso. Que yo no iba a vivir más con mamá ni con vos pero que igual te iba a seguir queriendo y que te iba a ir a buscar para pasear y que te ibas a quedar a dormir acá y esas cosas. Te acordás?
H: Si.
M: Bueno… eso es. Como papá y mamá no viven más juntos, ya no son ni novios ni nada. Comé que se te enfría.
H: Pero igual me quieren mucho.
M: Claro. Te queremos mucho porque no tiene nada que ver con que vivamos juntos o no. Entendiste?
H: Si, entendí. No quiero más fideos.
M: Bueno, está bien. Traé el postrecito.
H: Te traigo uno para vos?
M: No hija, gracias.
H: Pero por qué Fulanita no es mi novia?
M: (Maniobra de escape) porque son amigas. Me dejás poner el partido?
H: Noooooo!!! Ahora empieza Lazytown!!
M: Bueno, vos miralo mientras yo lavo los platos.

noviembre 05, 2007

Aire (Si, para mi también)


Su sueño había sido siempre un Corvette rojo como el de muelle 56. Desde chico miraba la serie al llegar de la escuela mientras comía en casa de su abuela. Lo miraba y se veía manejándolo por la costanera frente al aeroparque, en reemplazo de algún bulevar de Los Ángeles. Se veía a veces con las llaves en la mano, apoyado sobre el capot, casi agachado por la baja altura del auto, pero siempre sonriendo, con lentes oscuros y mirando el río marrón, lejos de aquellas playas de arena y bikinis, lejos de los atardeceres dibujados por el smog nublando el sol naranja.
Nunca había podido hacer siquiera el viaje. Ya de más grande se hubiera conformado con ver la playa y ese atardecer contaminado sentado en un banco y a la espera de algún Corvette que pasara por ahí al menos. Nunca había podido cumplir su sueño.
Desde el asalto, su vida había cambiado totalmente. Hasta entonces habían atracado bancos pero nunca con un resultado tan bueno. Valió la pena la espera, la planificación rigurosa y la logística. Ya habían pasado casi dos años y todavía daba vuelta la cara cuando se le acercaba un policía.
Sonrió al acordarse de la vez que lo pararon en aquel control de la General Paz y Libertador, al volver de la fiesta del Ruso. Le costó cincuenta mangos las dos copas de champagne del brindis luego de la alcoholemia pero la sensación del sudor frio en la espalda la sentía a cada rato.
No podía olvidarse de la cara del tipo que estaba pescando junto al desagüe cuando salieron con el bote. Los miraba sin entender nada, casi atónito. Cuando vio la entrevista que le hicieron por la tele se sintió casi capturado. Pensó que todo estaba perdido y que sólo era cuestión de tiempo hasta que dieran con ellos. Hasta hoy, creía verlo en flashes entre los pescadores de la costanera, para luego convencerse de la existencia del fantasma de esa cara.
Por todos lados todo el mundo hablaba de ellos, claro, sin saber que los tenían en frente comprando el diario, el pan o cargando nafta. Admitía por aquel entonces sentir cierta especie de orgullo, que se fue apagando con el tiempo, reemplazándose por una sensación casi incontenible de tener el secreto bien guardado, más de una vez tentado a contarlo en una borrachera, a modo de broma.
El chivo uruguayo solucionó un poco las cosas y calmó las aguas. Fue cuando decidieron que lo mejor era dispersarse. No volvió a ver a los muchachos desde entonces, ya casi dos años. Ni siquiera una llamada, como habían quedado que sería. Todo a la perfección y cumplido al pie de la letra. La policía cargaba con su muy bien ganada fama de ineficiencia pero tampoco la subestimaban. Soñaba con los rostros de cada uno de los ratis que salieron por la tele en esos días.
La plata no la había tocado. Bien guardada en la caja de madera, dentro de una bolsa y enterrada en el jardín. El miedo de billetes marcados con la numeración registrada lo hacia temblar. Se preguntaba una y otra vez para qué lo había hecho si no podía disfrutarlo después de tanto riego.
Para qué tenia tanta guita si ni se animaba a ir al mercado a comprar asado y pagar con ella. Y las veces que andaba seco esa pregunta no lo dejaba dormir. Las veces que su jefe le gritaba en la cara, casi insultándolo porque necesitaba descargar su mal humor con alguno de sus esclavos, se mordía los labios conteniendo las ganas de decirle que había tenido un rifle en la mano con el que apuntó a diez personas durante dos horas, dispuesto a volarles la cabeza ante el menor movimiento, y que no tendría ningún inconveniente en volársela a él así se quedara quieto hasta acalambrase.
Su vida era un calvario. No le quedaban amigos porque se había alejado de ellos, un poco por protegerlos y un poco por paranoico. Se había peleado con Silvia dos meses después del robo cuando sus días giraban en torno al miedo, la inseguridad y la desconfianza de todo. Nada le venía bien. Nada lograba calmarlo. Estaba solo en casa de su primo, que lo alojó luego de concretar su nuevo estado de soltería forzada, forzada por él mismo. Ya no iba más al club, no salía los fines de semana, no podía pensar en esas vacaciones que tanto necesitaba y que tanto bien le harían, o al menos eso imaginaba. Trescientos cincuenta y seis mil doscientos ochenta dólares. Es increíble como el monto disminuye cuando se trata de plata negra al igual que con las incautaciones de drogas. Las cajas de seguridad servían para eso y ellos lo sabían. Casi tres palos verdes terminaron siendo dos luego de las declaraciones de los asaltados, que se morirían de un infarto si supieran que la mitad de las joyas terminaron en las cloacas. La otra mitad se las había llevado Juán, diciendo que las podía colocar en Paraguay, exceptuando el anillo que se quedó en cuanto lo vio, y automáticamente pensó en ella.
Dos veces estuvo por desenterrar el tesoro. El día que Silvia le habló de casarse y el día de su cumpleaños de ese año, cuando no tenía un mango y puteó el hecho de haber nacido un día veintitrés hasta que la noche y la cerveza lo durmieron.
Cuando entró en la casa se dio cuenta que era jueves porque no había nadie. Su primo jugaba al futbol ese día y la mujer aprovechaba para salir con las amigas. Se sirvió un fernet y se sentó en el sillón. Prendió la tele pero sólo para tener algún ruido de fondo, alguna compañía. Levantó los mensajes del contestador y en cuanto escuchó el “hola” se le aflojaron las piernas. “Es mi cumpleaños, pensé que te acordarías. Si querés pasá por casa a cenar”. Claro que se acordaba y se había arrancado los dedos durante el día para no llamar. Miró el reloj de la cocina como si estuviera esperando que sea la hora de nada. Era la hora de desenterrar el pasado y el anillo y el Corvette.